martes, 21 de septiembre de 2010

Rayueliano


Y cuando no podía tener los ojos más hinchados de llorar, vino ella, a contarme algo que me quebró nuevamente. Pero es mi amiga, y si no la escuchaba yo, quién iba a hacerlo. Y mientras ella me decía que aquel era el amor de su vida, que iba a costarle mucho sacarlo de su corazón, yo también evaluaba cuánto ibas a costarme vos.
Porque, seamos sinceros, a quién queríamos engañar; vos tan correcto y sensato, y yo tan volátil y sin rumbo. 
Te pedí que me entendieses, que me dieras tiempo, que la confianza iba a ser la mejor manera de afianzar lo nuestro.
Y ese día en que me llamaste por teléfono, y lágrimas teñidas de negro me  inundaban toda la cara, me sentí como en una película. Como esas escenas de cine en las que jamás me imaginé. Una protagonista sacada del rodaje, ya sin protagonismo.
Me decías que sufrir no valía la pena. Tan cierto, tan atinado, como siempre.
Y ahí me di cuenta de todo: las cosas me habían salido mal a mi. A mi. A mi que nunca antes había fallado. O al menos, nadie me lo hizo notar.


...continuará (esperemos)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

En algo siempre fallamos, es la maldita realidad. Coraje. No siempre las cosas son como esas escenas

Jimena con jota dijo...

Va s sonar cliché, pero mientras más fallas, más clara la vas a tener...

besos

leandro.a dijo...

Verdad, quien más se equivoca, más aprende.
Ahora lo feo es cuando nadie te hace saber que estas equivocado, en cierto punto te chocás contra el muro de Berlin!

Guerrero de luz dijo...

De los errores se aprende...ojalá fuera mas fácil no??

besos..

@milezequiel dijo...

Puto el que llora.
Puto el que me está opinando y no entiende también.
Puto tu, puto yo.

@milezequiel dijo...

Y le quise dar formato HTML pero no me dejó, eso.