Estuve de viaje en el interior.
En el interior de mí misma.
Igual no pude sacar muchas conclusiones, fue un viaje para poner la mente en blanco, aunque creo que lo máximo que pude conseguir en base a "una escala cromática mental", es un gris.
No voy a postear lo que tenía planeado, aunque era un buen regreso, esos de "los míos", que quizás te roban diez minutos de tu vida, y cuando terminás pensás "ja, que piba más graciosa", pero nada más. Este blog es para eso. Quiero decir, para nada más que para ser un blog.
Recién ayer me di cuenta de algo que hice cuando fui a Bariloche. Algo que nunca había visto como una posible anécdota:
Cuando fui a Grisú, ese que tiene muchos pisos y cuevas, en determinado momento de la noche me dieron ganas de vomitar. Serían las tres de la mañana. Me senté en una escalera que daba a un baño, y ante la amenaza incesante del vómito, me levanté, y con todas mis fuerzas aguanté el espasmo, corrí hacia la puerta, subí al micro que nos llevaba al hotel, y cinco minutos después estaba cruzando la puerta, subiendo ascensor. No daba más, y logré abrir la puerta de la habitación, atiné a abrir la puerta del baño, y por gracia divina lancé todo con puntería. Después me dormí.
Mi cabeza hizo clic, RECIÉN AYER.
Soy lo menos, lo sé.
Cansada de Ganar
Hace 5 horas



